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Cultura

El chamamé: la deuda pendiente con nuestra identidad cultural

En medio de la pandemia, cuando todo se para o se “encuarentena”, lo único que termina quedando pareciera ser la cultura.

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Ese momento de “recreación”, cuando la realidad espera y la “expresión” de un “modo de ser”, nuestro modo de ser, se hace necesaria. Y encuentra diversos caminos y múltiples maneras. NORTE cumple 52 años comunicando, mostrando, relatando y sobre todo acompañando la cultura en todas sus vertientes, tanto del Chaco como de la región.

Pero como en todo medio de comunicación, la vorágine del día se lleva a veces por delante muchos importantes tópicos. Hablar de cultura y no mencionar especialmente el chamamé sería ignorar una parte de nuestra historia. Porque el chamamé es la música que nos conecta con nuestros hermanos de la región, une corazones en una identidad común y no hay edad para conocerlo, apreciarlo y disfrutarlo.

No se puede negar que el género nació en Corrientes, cruzó el puente y se expandió no solo a nuestro suelo, sino a todo el territorio nacional. Tampoco se puede dejar de recordar a los que hicieron historia, los que entre 1940 y 1970 fueron los precursores de la expansión del chamamé en nuestra provincia, conjuntos todos de gran jerarquía, que pasearon su arte y enamoraron con su talento, como Verón-Palacios, Tránsito Cocomarola, Ernesto Montiel, Los Hermanos Barrios, Crescencio Lezcano, Trío de Oro, Coqui Marola, Pérez Peralta, Úbeda Chávez, Marcos Brígido González, Marcos Bassi, Paquito Aranda, Los Hermanos Cardozo, Juancito Pedroso, Avelino Flores y Bagual Fuentes (con su Embajada de Cultura de la Provincia), por mencionar sólo a algunos de los que contratados para festivales y celebraciones por nuestros primeros pobladores actuaron incansablemente por todo el interior.

 


Un poco más hacia la contemporaneidad, y a nivel regional, se debe mencionar por su impronta a Los de Imaguaré, Mario Bofill, Antonio Tarragó Ros, Raúl Barboza, Ramona Galarza, Salvador Miqueri; pasando por Zitto Segovia, las Hermanas Vera, Rudi y Nini Flores, Pocho Roch. Y en la actualidad a quienes llevan adelante la difusión, inspirados y contagiando su amor al género, Los Alonsitos, Coqui Ortiz, Herencia Chamamé, Los Chaqueñísimos Cardozo, Chango Spasiuk Guaynas Porá, Lucas Monzón.

Y estos son sólo algunos de una larga lista de grandes nombres. Cabe destacar que muchos de los actuales grupos son hijos de chamameceros de renombre, jóvenes que supieron abrazar y hacer propia la misión de continuar con el legado. Otros simplemente se enamoraron del estilo.

UNA DANZA CON RAÍCES GUARANÍES

El chamamé es la música más popular del Litoral argentino, es una danza que trasciende la música y se convierte en una expresión personal y colectiva. Desde lo más profundo, nace el “sapucay”, un grito clásico en el chamamé que expresa la alegría de compartir en comunidad.

 


Este particular género se podría definir como un ritmo originalmente indígena (guaraní), perfeccionado con el tiempo y las distintas influencias que tuvo (jesuita y española, por ejemplo), entre las que se destaca la alemana (el acordeón, bandoneón y un poco en su compás).

LA REIVINDICACIÓN DE LA CULTURA POPULAR

Está claro que si se habla de folclore y, sobre todo, de chamamé, no se puede dejar de mencionar a Oscar Raúl Cerruti, el gran folclorólogo chaqueño. Y es por eso que Raúl Osvaldo Coronel escribió un libro en su memoria y explica un poco el afianzamiento de este fenómeno cultural.

Con el comienzo de la década del 60 se genera en el país un acelerado proceso de reinvidicación de la cultura nacional a través de peñas folclóricas y festivales, donde los cantores populares se expresan alabando el paisaje y el sentir de cada comunidad.

 


El Chaco no estuvo ausente a dicho movimiento y desde 1945 con su Peña Martín Fierro se hizo fuerte proyectando el folclore y el chamame de la región. Esta corriente fue la que inspiró a Cerruti, sosteniendo que para la cultura no existen límites políticos sino regiones tipificadas por factores geográficos, históricos y sociales y que el chamamé era un dialecto coreográfico de la música guranítica folk.

El “Negro ” Cristaldo

“Yo no soy ni negro, ni morocho, soy color América”, solía decir este singular personaje nacido en Puerto Tirol y fallecido en Buenos Aires a los 76 años. Había estudiado filosofía y letras en las Universidades de Tucumán y del Nordeste. Escribió un solo libro de poemas con el sugestivo título de “Razachaco”, una palabra inventada por él, como tantas otras, para explicar en verso esta singularidad de los chaqueños, una mezcla insólita entre aborígenes, europeos y criollos.

 


Decía que “Cristaldo fue un gran inventor de palabras” ya que tambie fue autor de las palabras “chaqueñero” y “chacorrientes”. Era llave 245 del Fogón de los Arrieros. En su homenaje por iniciativa de la diputada provincial Marilyn Cristófani se instituyó al día 30 de octubre, fecha de su fallecimiento, como “Día de la Poesía en el Chaco”.

Pertenecen a Adolfo Cristaldo obras como “Canto del cosechero”, “Canto al hachero”, “Tres cachapés” y su obra más difundida, “Bailantas Chamameceras” compuesta en colaboración con Raúl Barboza, grabada por artistas como el propio Barboza con la voz de Octavio Osuna, Los Núñez y Rosendo y Ofelia . Adolfo Cristaldo falleció en Buenos Aires el 30 de Octubre de 2004.

Heraclio Pérez

Fue poeta, periodista y escritor. Nació el 2 de marzo de 1904 en San Luis del Palmar, Corrientes. En el año 1906 se radicó en Puerto Tirol, donde su padre realizaba trabajos en el obraje chaqueño. En 1930 se radica en Buenos Aires integrándose el año 1937 al “Cuarteto Correntino Ramírez”, este dirigido por su viejo amigo Marcos Herminio Ramírez.

Junto al “empedradeño” tiene la oportunidad de realizar sus primeras grabaciones como glosista para el sello “RCA Víctor”. Junto a Ramírez conformó una dupla autoral de excepción que dio vida a obras como “Km 519”, “Bajada Vieja”, “Barranqueras” y las inmortales “Puerto Tirol” y “Carrero Cachapecero”.

Heraclio Pérez es uno de los más inspirados y prolíficos letristas de la historia del chamame y compartió la creación de obras musicales con grandes del género. Autor de más de 200 temas musicales, falleció en Buenos Aires el 17 de mayo de 2002.

Pareja enlazada, la clave del baile

El chamamé es una danza alegre y animada, aunque existen tipos que son un poco más melancólicos que denotan gran dolor en sus canciones.

El bailarín y la dama tienen en él la oportunidad de lucir toda su habilidad y destreza si quieren o pretenden efectuar todos los pasos de baile, cambios de figuras, zapateos y largadas. El bailarín debe seguir con gran atención la ejecución de la música, para ir adaptando a ella los adornos de su danza.

Vale decir que el buen bailarín de chamamé inicia el zapateo cuando la música se presta a ello, realiza sus figuras y enamora a la dama en sus floreos. Hay como una ley implícita, o una tradición, de que jamás se cambia de paso o de figura a destiempo y un sapucay es siempre oportuno.

El chamamé es una danza de «pareja enlazada», porque el caballero aferra con la mano izquierda la derecha de la dama, a la que mantiene a la altura de su hombro o apoyando en su cintura, mientras que con su mano derecha la toma de la cintura o de la zona media de la espalda.

La mano izquierda de la dama se apoya sobre el hombro derecho del caballero. Ambos quiebran sus cinturas para juntar las partes superiores de sus torsos. Entrecruzan sus cabezas hasta quedar mejilla con mejilla o reclina el guapo su cabeza en el hombro de su guayna.

En las fiestas y festivales del chamamé siempre se ven muchas parejas bailando, algunos con el atuendo tradicional, otros con ropa diaria. Se mezclan edades, géneros, modas y estilos, pero siempre ver a las parejas de niños es lo que más llama la atención y hasta emociona, quizás por la esperanza que despiertan de que nuestros saberes, destrezas, gustos y tradiciones se perpetúen en ellos y, a través de ellos, a lo largo del tiempo.

¿Poca difusión?

Es muy claro que en la actualidad el chamamé ocupa un lugar muy importante en la generación un poco mayor en cuanto a edad, para quienes sentarse a tomar unos mates amargos o compartir un amigable vino con chamamé sonando de fondo es un placer más que una tradición heredada de sus abuelos, tradición que hoy, sin embargo, las nuevas generaciones no han incorporado como parte de su vida cotidiana.

Pero también hay que hacer un mea culpa desde los medios de comunicación por el poco espacio que se le brinda, excepto que haya un festival de por medio. El chamamé es parte del folclore argentino y sobre todo regional, es parte de la historia y construcción de nuestra identidad.

Los canales locales le abren su grilla una o dos horas por semana, donde grupos van a tocar temas clásicos del cancionero regional, así como creaciones propias, pero queda esa sensación para los más jóvenes de que nos faltan conocimiento y herramientas para reconocer el valor y apreciar en toda su belleza este producto musical, hoy admirado incluso a nivel mundial (aunque merece una destacada mención el nuevo programa de Marcelo Insaurralde, “Viva el chamamé”, que se transmite por Canal 9, en el que de alguna manera se busca saldar las deudas que se tiene con estos músicos y resaltar su valor como parte significativa de nuestra cultura). E incluso en las radios suena muy poco, no son canciones pedidas por el público, solo por aquel amante del género, al que transporta cada sonido.

Quizás esta nota de aniversario sea una manera de reflexionar sobre la necesidad de dar a conocer un poco más de nuestro chamamé, ese que cuenta historia, nuestra historia, que no separa a las provincias sino que las reúne en un abrazo común, que los músicos vuelven federal. Es momento de volver a reencontrarnos con nuestras raíces, para así “reconocernos” y empezar a construir una base sólida de identidad cultural.


Fuente: diarionorte.com


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